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ENTRENAR LA FUERZA:
La mejor medicina contra el envejecimiento, para la salud y la pérdida de peso.
Felipe
Isidro, Juan Ramón Heredia, Javier Soro
Lcdos. Ciencias de la Actividad Física y Deporte.
Especialistas en Actividad Física, Salud y Fitness.
Profesores Centro Formación Fitness ANEF.
Licenciado en Medicina.
Especialista en Medicina de la EF y D.
El
ejercicio físico, en concreto el ejercicio de fuerza se ha
demostrado como uno de los tratamientos más eficaces para la prevención
de problemas como la obesidad, el envejecimiento, osteoporosis y
con gran influencia sobre muchas otras patologías.
Estamos
cansados de observar como el proceso de “prescribir” ejercicio físico
se realiza con poco o ningún criterio. Las investigaciones actuales
demuestran que el ejercicio físico debe ser tratado en forma de
“dosis”, donde de manera individual (según tus características,
tu capacidad de adaptación y respuesta, etc...) se indique el tratamiento
a seguir para conseguir el objetivo.
En
este artículo vamos a ofrecerte el “prospecto” de esta particular
medicina preventiva para mantener un adecuado estado de salud y
bienestar. Te daremos información sobre el ejercicio físico, en
concreto del entrenamiento de la FUERZA indicándote, como si de
un prospecto de un medicamento se tratara todas sus características
y dándote algunas “dosis de tratamiento” en casa (utilizando material
de fácil adquisición: gomas, botellas de agua, mochilas, bancos,
etc..), puesto que si acudes al gimnasio, allí será más fácil contar
con el asesoramiento de un especialista en Ciencias del Ejercicio.
ACCIÓN TERAPÉUTICA DEL ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA
Hemos de saber que si bien muchas de las enfermedades de nuestra
sociedad actual es debida en gran parte a enfermedades cardiovasculares,
la calidad de vida, lo cotidiano, viene dado por la integridad del
aparato locomotor, la capacidad para moverse (uno es más consciente
de su proceso de deterioro cuando ya no es capaz de moverse con
la misma facilidad y así lo percibe).
La actividad física
se reduce con la edad, aunque debemos concebir dicha relación como
un sistema donde la propia percepción de la capacidad para desarrollar
tareas físicas, implican procesos de deterioro psico-físico y aún
más reducción de dicha actividad física, provocando una cierta reducción
del repertorio motriz, junto a la lentitud de los reflejos y descenso
del tono muscular en reposo, entre otros factores como la disminución
en el número y el tamaño de las fibras musculares, provocan pérdida
de fuerza y funcionalidad, descoordinación y torpeza motriz.
El envejecimiento,
como acontecimiento biológico natural, conlleva una disminución
de la masa muscular (sarcopenia), así como una degeneración
neuronal (Roig, 2003). Ello guarda estrecha relación con una serie
de cambios en la composición corporal que provoca un aumento
del peso graso y un descenso de la masa magra (muscular). Esta pérdida
de masa muscular asociada con el envejecimiento, puede deberse a
los cambios estructurales del aparato músculo esquelético, a las
enfermedades crónicas y sus tratamientos, a la atrofia por desuso
o a la malnutrición.
A partir de los 35
años en mujeres y algo más tarde en hombres, se produce una pérdida
ósea anual del 1% aproximadamente que hace los huesos más frágiles
y propensos a la fractura OSTEOPOROSIS.
Esa pérdida de masa muscular (sarcopenia),
de la hemos hablado, comienza entre los 20 y 30 años en personas
sedentarias.
Ello, si reflexionamos,
es de suma importancia (a manera de eslabón de cadena) por su repercusión,
por ejemplo, sobre el metabolismo basal (de reposo), que parece
ser disminuye con la edad aproximadamente 10%-20% desde la adultez
temprana hasta la edad de 60 años. Evidentemente, la pérdida de
masa muscular activa y un incremento paralelo de los depósitos de
grasa, que ya hemos comentado, guardaría estrecha relación y, por
ende, serían la base de muchos otros tipos de alteraciones que conllevaría
a un incremento de peso en base a un mayor acumulo de tejido graso.
La masa muscular del
hombre constituye la reserva proteica más grande del cuerpo, representando
el 45% del peso corporal total (Buchner 1997-Evans 1996), lo que
nos da una idea de su papel determinante a la contribución
metabólica y funcional. Según estudios del “Centro para el control
de las Enfermedades de Atlanta” (EEUU) sólo el 20-25% de los adultos
mayores hace una actividad física suficiente y apenas un 5% de los
hombres y un 2% de las mujeres generan un esfuerzo físico adecuado
como para aumentar-mantener la masa muscular y conseguir las importantes
consecuencias sobre el metabolismo de reposo.
INDICACIONES
Un
correcto acondicionamiento y entrenamiento de fuerza muestra
una documentada influencia sobre los factores de riesgo
asociados con alteraciones coronarias, diabetes no insulino-dependiente,
cáncer de colon, promoviendo la pérdida y mantenimiento de peso,
disminuyendo ligeramente la tensión arterial, mejorando enfermedades
respiratorias crónicas, mejorando la tolerancia a la glucosa, el
perfil lipídico, preservando la capacidad funcional y fomentando
un mayor bienestar psicológico.
COMPOSICIÓN
La
composición de nuestra “particular medicina” es:
1.
Ejercicios de fuerza con resistencias:
a.
Ejercicios con el propio peso corporal
b.
Ejercicios con material variado (slides o gomas, bancos,
botellas de agua de 5 litros, mochilas con relleno que podrás regular
a fin de conseguir una adecuada sobrecarga-resistencia)
2.
Ejercicios cardiovasculares:
a.
Ejercicios de bajo impacto articular (actividades acuáticas,
bicicleta, remo)
b.
Ejercicios de mayor impacto articular (carrera)
DOSIFICACIÓN
La
carga de entrenamiento es como la “DOSIS” de nuestra particular
medicina (EL EJERCICIO). Esta dosis debería estar prescrita por
un Especialista (normalmente Licenciado en Ciencias de la Actividad
Física y el Deporte), ya que es algo serio, estamos influyendo en
nuestro sistema orgánico-funcional.
El
resultado de un entrenamiento dependerá de la aplicación
de una carga adecuada, es decir, de un volumen, intensidad y
de unos ejercicios óptimos, unidos a una ejecución técnica
correcta. Un aumento gradual de las cargas (progresión)
asegura una adaptación progresiva y protege de sobrecargas
y daños al organismo.
Aún
así somos conscientes de que ciertos niveles de “autonomía” también
son inevitables e incluso necesarios. Pues intentemos hacer bien
las cosas…
La
dosis, decíamos, esta compuesta por:
ü
La
frecuencia:
correspondería a la cantidad de veces que entrenamos
ü
El
volumen:
que sería la cantidad de estímulo que proporcionamos (el número
de series, repeticiones, kilos, etc…).
ü
La Intensidad: se entiende
como el aspecto cualitativo de la carga ejecutado en un periodo
determinado de tiempo. De este modo, a más trabajo realizado por
unidad de tiempo, mayor será la intensidad. Tradicionalmente se
expresaba la intensidad en el entrenamiento de fuerza por medio
del % 1RM (si levantabas 100 kilos en press banca, por ejemplo,
el día que entrenabas con 80 Kilos estabas haciéndolo al 80%). Hoy
se sabe que esto es bastante inexacto e incompleto (podeis ver la
explicación en el cuadro anexo)
ü
La Densidad: indica la relación
entre la duración del esfuerzo y de la pausa de recuperación (entre
series y ejercicios, sesiones, microciclos, etc…).
ü
Los
métodos:
Fundamentalmente en el entrenamiento de fuerza tenemos métodos en
progresión horizontal (donde se realiza un ejercicio y se completan
las series de ese ejercicio antes de pasar a otro) y en progresión
horizontal (donde se pueden encadenar ejercicios y repetir ese bucle
durante un número determinado de series).
En
el siguiente cuadro encontrarás las “dosis” generales para personas
agrupadas según sea su nivel de regularidad en la práctica de ejercicio
físico.
ü
DOSIS
MÍNIMA:
personas que no realizan ejercicio físico de manera regular (no
vale salir un día en bici de vez en cuando, o jugar un partido los
fines de semana y el resto de dias no hacer nada. Esto no es lo
mejor para nuestra salud). Este tipo de programas pueden desarrollarse
durante grandes fases, aunque si se desea un incremento en los niveles
de forma se debe incrementar algunas de las variables. Acude a un
especialista para ello. Este programa es el mínimo recomendado por
entidades como la ACSM (American Counsil of Sport Medecine) para
mantener el estado de fitness saludable durante toda la vida en
un adulto.
ü
DOSIS
ALTAS:
Personas que desean entrenar más de 4 días a la semana y lograr
grandes incrementos en su niveles de condición física. Deben controlar
muy bien el entrenamiento y la recuperación (con todo lo que ello
conlleva). Estas personas deberían acudir a un especialista para
un mejor control de la dosis de ejercicio. No se exponen programas
para estos casos.
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DOSIS MÍNIMA
El programa debe variarse regularmente y sufrir modificaciones
importantes cada 8-12 semanas (consulta al especialista).
A nivel de resistencia los programas pueden mantenerse algo
más.
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Frecuencia
F
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Intensidad
I
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Duración/volumen
D
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Densidad
D
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Tipo ejercicio/
Progresión/ Métodos
T
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Entrenamiento FUERZA
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2-4 sesiones semana con recuperación de 48-72 horas.
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10-15 repeticiones con CE submáximo (un peso que nos permitiría
hacer 4-6 repeticiones más de las que hacemos)
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8-10 Ejercicios de los principales grupos musculares. Ejercicios
con buena ejecución y estabilidad.
1-2 series para grupos musculares de miembros superiores y
2-3 para inferiores.
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Alta (pausas incompletas) máximo 1´entre ejercicios.
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Ejercicios en progresión horizontal. Circuitos. Triseries
Principalmente ejercicios poliarticulares.
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Entrenamiento
RESISTENCIA
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4-5 días a la semana
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55-65% del
VO 2 máx (40-50% de la FC de reserva)
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30-60´ al día (aproximadamente es necesario acumular 200-300
minutos a la semana)
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Alta. Pausas incompletas o inexistentes.
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Actividades que impliquen a grandes grupos musculares (+1/6
de la musculatura global). Bicicleta, Actividades acuáticas,
Remo, Caminar, Carrera, etc.
Sería necesario progresar en la utilización de ejercicio de
menor a mayor impacto articular.
También es necesario plantearse la utilización de entrenamientos
INTERVALICOS en lugar de continuos para facilitar la progresión
y lograr objetivos.
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PRECAUCIONES Y CONTRAINDICACIONES
Inicialmente cualquier persona puede realizar ejercicio físico moderado,
pero en caso de que reúnas algunos de los siguientes factores o
más de uno será necesario el realizar un examen médico previo que
te indique y concrete el tipo de dosis específica de ejercicio físico
y si algún componente o ingrediente de la medicina está desaconsejado:
También
será adecuado que inicies los programas de manera progresiva y sin
prisas. Que utilices un adecuado material (especialmente calzado)
y que cuides tu alimentación y descanso (el descanso es tan importante
como el entrenamiento, puesto que es aquí donde vas a obtener los
beneficios del mismo)
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¿Cómo determinar la Intensidad en el entrenamiento de Fuerza?
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La
intensidad es el aspecto cualitativo del entrenamiento, siendo
el grado de esfuerzo que exige un ejercicio. La intensidad
máxima podría expresarse por el peso utilizado y la relativa
con el % de dicho peso en relación al máximo en el ejercicio.
Pero
ello no es del todo exacto (si no se consideran otros factores
como por ejemplo la velocidad, o el máximo del día y no el
“teórico”, es decir un día podríamos conseguir un resultado
y otro distinto en otro día según nuestro estado psico-físico
y emocional), y además de poca utilidad en la realidad del
entrenamiento.
Sin
embargo, sabemos que si realizamos “x” número de repeticiones
por serie y no más (carácter esfuerzo máximo), estamos influyendo
sobre una determinada manifestación de fuerza y consiguiendo
una serie de efectos a nivel nervioso, estructural, etc...
Por
ello, tal y como ya hemos comentado anteriormente, podría
ser más adecuado el establecer la intensidad en base establecimiento
de franjas de entrenamiento muscular (repeticiones/serie),
junto a la determinación del carácter de esfuerzo
(que equivale al número de repeticiones que hacemos en relación
a las que podemos hacer con ese mismo peso), sin olvidar la
importancia de la velocidad de ejecución sobre dichos efectos.
A
modo general podríamos decir, que con un carácter de esfuerzo
máximo:
1-3
repeticiones: Se mejoran factores relacionados con la fuerza
máxima de tipo neural.
6-10:
Se mejoran factores relacionados con la hipertrofia muscular.
A
partir de 12-15 repeticiones mejoramos la resistencia a la
fuerza ante cargas medias-bajas.
Si
se utiliza la percepción subjetiva del esfuerzo (RPE) como
medio auxiliar para el control de la intensidad, la actividad
debe ser interrumpida, o en su defecto adecuadamente controlada,
cuando el sujeto percibe que el ejercicio empieza a ser algo
duro.
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¿Cómo determinar la Intensidad en el entrenamiento de Resistencia?
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Fundamentalmente
emplearemos la frecuencia cardiaca como forma de control (apoyada
por la escala de percepción de esfuerzo).
Existe
un importante factor a considerar cuando se estima la frecuencia
cardiaca máxima o se aplica la misma para estimar la intensidad
(%) a partir de dicho valor (Fcmáx=220-edad). Desde 1971,
tal y como se desprende de lo publicado por Robergs y Landwehr
(2005), las investigaciones han revelado algún error en
la estimación de la frecuencia cardíaca máxima y actualmente
no se puede establecer fórmula alguna que establezca con una
exactitud aceptable la predicción de dicho valor. Dichos autores
aconsejan, como más aconsejable, la utilizan de la fórmula:
Fcmáx. = 205.8-0.685*
(edad)
Si se desea estimar la FC máxima de una persona de 38 años,
el cálculo sería
(Fcmáx.= 205.8-0.685*38=205.8-26.03=179.77 àFCmáx
180 lat./min.)
En ejercicios donde
se descargue parte del peso corporal y se movilice una
menor cantidad de grupos musculares, se requerirá un mayor
esfuerzo para alcanzar determinados valores de frecuencia
cardiaca.
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