|
FITNESS Y COMPOSICIÓN CORPORAL
Programas de disminución del porcentaje graso y aumento de
masa muscular
Licenciados Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.
Especialistas Ejercicio Físico, Salud y Fitness en ANEF.
Doctorando en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.
(España)
Juan Ramón Heredia
Iván Chulvi
Felipe Isidro
Miguel Ramón Costa
INTRODUCCIÓN
Peso ideal y pérdida
de peso: límites entre la obesidad y la "obsesión"
Cuando
uno pretende conocer referencias válidas para determinar los valores
de su peso corporal y composición corporal saludable, encuentra
gran cantidad de información controvertida sobre estos conceptos.
La
primera gran cuestión vendrá referida al concepto de peso corporal
y supuesto peso ideal. Existe gran cantidad de tablas que
establecen un hipotético peso ideal en función de la altura y la
edad. Tal y como veremos quizás no sean la forma más adecuada (siendo
de las más difundidas) para determinar hipotéticos valores de peso
corporal ideal.
El
peso corporal (PC) nos indica un total que contiene a nuestra estructura
ósea, órganos, líquidos orgánicos, sistema músculo-tendinoso y ligamentoso,
tejido adiposo (grasa corporal), etc. Teniendo en cuenta que muchas
de estas variables son individuales, podemos considerar que dos
individuos con pesos similares pueden poseer dos composiciones corporales
distintas.
De
la misma manera, dicha composición corporal (en especial en lo referente
a dos de los componentes más variables: tejido graso y tejido muscular)
será muy distinto y podría tener una influencia muy directa sobre
la gran variabilidad con respecto a las tablas de "peso ideal" (correlación
estatura-edad-PC). Así, poniendo un ejemplo extremo, un culturista
de 30 años con 1,70 cm de altura y 90 Kg de peso, sobrepasaría el
peso ideal para su edad y estatura y sin embargo podría tener un
porcentaje graso muy bajo, con un gran desarrollo de masa muscular.
Sin
embargo el porcentaje de grasa y masa muscular (tejido magro,
"Lean body mass", esto es libre de grasa) nos indicará las modificaciones
que se produce en dichos componentes, con respecto al peso corporal
(obviamente podemos pesar 80 kilos antes de empezar un programa
de entrenamiento y 82 tras 6 meses entrenando, pero en el primer
caso podría tener, por ejemplo un 16% de grasa y en segundo un 14%,
lo cual indica claramente una disminución del tejido graso y, normalmente,
un aumento a favor de la masa muscular, lo cual explicaría también
el ligero aumento de peso).
Tal
y como afirman Alvero y cols (2002), las personas que habitualmente
hacen ejercicio físico pueden tener un exceso de masa corporal que
sea debido a una mayor masa muscular y ser catalogados erróneamente
como obesos, en el caso de ser clasificados a partir de variables
como el índice de masa corporal o "body mass index" (BMI). Diferentes
autores (citados por Alvero y cols, 2002) han recomendado la no
utilización de este índice, pues solo explica un pequeño porcentaje
de la obesidad, tal y como ya veremos.
De
entre los métodos más precisos, una revisión de la literatura, sugiere
que el método más para la determinación de valores de composición
corporal es el cálculo de la densidad corporal (hidrodensitometría).
Este método no es práctico y por ello están bien aceptados los métodos
antropométricos.
Esto
debe hacernos reflexionar a los técnicos en ejercicio físico, salud
y fitness. Deberíamos intentar trabajar y manejar estos datos en
nuestros centros, porque el cliente que se encuentre con un caso
como el expuesto puede abandonar la practica de actividad física,
pensando que no disminuye su peso (sobre todo en las primeras etapas
de entrenamiento), pero si disponemos de datos para demostrarle
las modificaciones, tenemos una importante herramienta para lograr
adherir y mantener a nuestros clientes en nuestros programas. El
manejo del plicómetro, de los porcentajes, del peso y algunos perímetros
corporales debería ser una obligación.
Supongamos,
siguiendo con la línea planteada, que nos encontramos con un cliente
que desea perder peso. ¿Cuánto? ¿Dónde están los límites entre
la obesidad y un peso normal?Ello es de suma importancia, máxime,
ante la aparición de importantes patologías relacionadas con el
deterioro de la imagen corporal y desarrollo de pensamientos y obsesiones
entorno a la misma.
El
hombre se ha preocupado por clasificar tipológicamente al cuerpo
humano y para ello, la aparición de somatotipo dio respuesta a esta
preocupación (G. Manso, et. al, 1996).
La
descripción cuantitativa de la forma y composición del cuerpo humano,
fue planteada mediante el método "Heath-Carter", allá por 1964 (Heath,
B y Carter, J) desarrollándose una clasificación de tres números,
mediante la expresión de tres componentes corporales preocupación
(G. Manso, et. al, 1996):
ENDOMORFIA:
referido a la cantidad relativa de grasa
MESOMORFIA: referido al desarrollo músculo-esquelético relativo
a la altura
ECTOMORFIA: referido a la relativa linealidad, al predominio
de medidas longitudinales sobre las transversales.
Se
conoce que la obesidad, normalmente, tiene un origen multifactorial
y se ve influida por factores relacionados con la predisposición
genética y otros factores ambientales. Con ello podríamos clasificar
la obesidad desde un punto de vista de su causa o etiología. Pero
vamos a atender a la clasificación de la obesidad según la distribución
topográfica de grasa(Barbany, M; Foz, M., 2004):
-
Distribución
con predominio superior, -obesidad central o androide:
más común en hombres, se observa un acumulo de grasa en la zona
facial, región cervical, y región supraumbilical. También hay
un aumento de la grasa abdominal profunda (obesidad visceral).
Parece estar asociado a mayores complicaciones metabólicas y
cardiocirculatorias vinculadas a la resistencia insulínica y
que daría lugar al síndrome plurimetabolico.
-
Distribución
de grasa con predominio inferior -obesidad periférica o ginoide:
más propia de las mujeres, y con un mayor acumulo en parte
inferior del cuerpo: región infraumbilical del abdomen, caderas,
región glútea y muslos.
Establecer
esta diferenciación puede sernos útil a fin de valorar el posible
grado de riesgo metabólico y cardiovascular vinculado a la acumulación
adiposa (Barbany, M; Foz, M., 2004).
Ciertos
datos parecen demostrar que los sujetos obesos tiene una menor longevidad,
que los sujetos que mantienen un normopeso. Además dicha obesidad
se asocia a ciertas complicaciones y enfermedades como son(Pérez
Ruiz, M en López Mojares (coord.), 2002):
-
Diabetes Mellitus
tipo II
-
Metabolopatías:
dislipemias, hiperuricemias
-
Enfermedad arterial
coronaria
-
Hipertensión
-
Síndrome de apnea
del sueño
-
Osteoartrosis de
rodilla
-
Disfunción menstrual
Podríamos
decir, que se establece la obesidad a partir de un Índice
de Masa Corporal (IMC) igual o superior a 30 kg por metro cuadrado.
A nivel del % graso podríamos establecer dicha obesidad en valores
superiores al 25% en los hombres y 33% en mujeres, considerándose
valores normales entre el 12 al 20% y 20 al 30% respectivamente.
En
los últimos años se han planteado algunas controversias en el campo
de la investigación epidemiológica y la cineantropometria sobre
la validez de este indicador (IMC) para diagnosticar la presencia
de obesidad, especialmente entre sujetos activos, que presentan
un importante aumento de peso corporal asociado a una mayor proporción
de masa magra (Eston, 2002 citado por Jiménez, 2006). Los coeficientes
de correlación con el sumatorio de seis pliegues en un grupo de
66 levantadores de peso no fueron significativos (r=0,18) tal y
como ya estimo Ross (1986) en el primer trabajo crítico con el IMC
(Eston, 2002 citado por Jiménez, 2006). En otro estudio de Ross
(1998 citado por Jiménez, 2006) con 18.000 canadienses hombres y
mujeres de 20 a 70 años, cuyos resultados fueron similares en aquellos
sujetos con un nivel de masa muscular importante derivado de una
práctica regular intensa.
Podríamos
realizar una valoración a nivel antropométrico, mediante la obtención
del cociente cintura/cadera (ICC). Se acepta que valores superiores
al percentil 90 de este cociente en la población estudiada representan
un riesgo importante para la salud. En la actualidad, existe una
tendencia a utilizar sólo la circunferencia de la cintura, valor
más importante que el de la cadera, para valorar el riesgo de la
acumulación central de la grasa. Según datos del consenso de la
SEEDO3, los valores de riesgo para la circunferencia de la cintura
se fijan en 95 cm para los varones y en 82 cm para las mujeres.
Se considera que el riesgo es elevado cuando la circunferencia de
la cintura es superior a 102 cm en los varones y a 90 cm en las
mujeres (Barbany, M; Foz, M., 2004).
Analizando
el papel diagnóstico de todos estos indicadores, se empieza a cuestionar
que la compleja clasificación del IMC y del ICC no es una herramienta
demasiado útil en el ámbito de la promoción de la salud (Seidell,
2000 citados por Jiménez, 2006). Autores como Han, Van Leer, Seidell
y Lean (1995 citados por Jiménez, 2006) propusieron un nuevo esquema
que combinada el IMC y el ICC, donde la combinación de sobrepeso
(IMC entre 25 y 30 Kg/m2) o de obesidad grado I (IMC
entre 30-35 Kg/m2), unida a un perímetro de cintura elevado
(mayor o igual a 102 en el hombre y a 88 en la mujer), es considerado
como un riesgo adicional para la salud.
Causas o situaciones desencadenantes de obesidad
Además
de los factores anteriormente citados (endocrino, hipotalámico,
genético, farmacológico), existen algunas situaciones, que debemos
conocer y valorar como factores favorecedores o desencadenantes
de acumulación adiposa (Barbany, M; Foz, M., 2004 y Gutierrez en
Mora, 1995):
-
Infancia:
lo que hemos hecho en las primeras fases de nuestra vida, tiene
mucha relación con la posibilidad de convertirnos en adultos
obesos (que importante es la alimentación en la infancia y que
poco de verdad hay en la creencia de que un niño se le ve "saludable"
cuando esta con un peso quizás excesivo para su edad, dicho
niño es un potencial obeso y con gran riesgo de padecer diverso
tipo de patologías en la edad adulta).
El
número de adipocitos de un sujeto adulto queda determinado en
los años de crecimiento, aumenta rápidamente en los primeros
años de vida y, nuevamente durante la pubertad, permaneciendo
relativamente invariable durante la edad adulta (Kirsch y Knittle,
1970; Sims, 1974 citados por Jiménez, 2006).
La
obesidad hiperplásica, número anormal de adipocitos (sujeto
normal entre 25 y 30 billones, mientras un obeso puede alcanzar
los 42-106 billones) (Hirsch, 1971 citado por Jiménez, 2006).
La
obesidad hipertrófica, con un aumento anormal de los adipocitos.
El tamaño de estos aumenta durante la adolescencia y lo sigue
haciendo después cuando en las células se almacena un exceso
de grasa en forma de triglicéridos. El tamaño de las células
adiposas en personas obesas es, como promedio, un 40% superior
que el de personas con normopeso (Jiménez, 2006).
-
Embarazo:
durante este proceso de gestación tienen lugar una serie de
cambios hormonales y psíquicos que en ocasiones se acompañan
de un aumento de la ingesta (durante el embarazo las necesidades
energéticas aumentan entre 250 y 300 kcal/día). El resultado
final puede ser un excesivo aumento de peso, con un cambio en
los hábitos alimentarios.
-
Lactancia:
debido a múltiples factores relacionados con un estado de ansiedad
de la madre, reposo preceptivo después del parto, aumento de
las necesidades energéticas en aproximadamente 500 kcal, etc.,
debemos considerar un posible aumento de peso.
-
Menarquia:
durante esta etapa se producen importantes cambios hormonales,
con una cierta aceleración en el desarrollo psico-físico. El
mecanismo por el que tienen lugar ciertos cambios de peso en
esa fase, no son muy conocidos actualmente.
-
Supresión de
la actividad física: de forma paralela a la disminución
del nivel de ejercicio tiene lugar una disminución de las necesidades
energéticas que, en la mayoría de ocasiones, no se ve acompañada
de una reducción de la. Este efecto podría ser más importante
en aquellos que han desarrollado altos niveles de actividad
física (deportistas de élite). La falta de movimiento, propia
de nuestra sociedad occidental y del proceso de civilización,
han propiciado que cada vez se produzca un mayor ahorro energético.
-
Abandono del
Tabaquismo: parece ser que al dejar de fumar podría acontecer
un aumento de peso (entre 3 y 10 kg), ya que el tabaco, en concreto
la nicotina, tiene un cierto poder anorexígeno (disminuye la
sensación de hambre) y estimula la secreción de adrenalina.
Estos dos mecanismos ayudan a regular el peso, a través de una
reducción de la ingesta. Al dejar de fumar, además, se produce
un estado de ansiedad, causado por la privación de la nicotina
y por el cambio de hábito, que muchas personas intentan aliviar
comiendo más, sobre todo alimentos ricos en hidratos de carbono(Barbany,
M; Foz, M., 2004).
No
podemos olvidar algunos factores psicológicos o trastornos de la
conducta alimentaria en la génesis de la obesidad. Se conoce bien
que ciertos estados ansiosos incrementan el apetito o el hábito
de picar ("impulsos orales") en ciertos individuos(Barbany, M; Foz,
M., 2004).
Entre
las principales causas a considerar, está el desequilibrio energético.
Inicialmente,
si consumo más de las que utilizo iré acumulando una energía (y
el cuerpo lo hace en forma de grasa), si consumo menos, utilizaré
una parte de esa reserva (que todos tenemos y es necesaria para
vivir, tener unos valores de grasa muy bajos es también poco saludable
y peligroso para salud).
Por
lo tanto debemos plantearnos la existencia de un cierto balance:
El
ser humano tiene un consumo de energía en reposo (necesario para
mantener las funciones orgánicas) es lo que se llama Metabolismo
Basal.
Este
metabolismo es uno de los responsables de que ciertas personas ingieran
mayores cantidades de calorías y sean menos propensos que otros
a aumentar de peso. El metabolismo basal no es igual en cada uno
de nosotros, este metabolismo es más alto (con lo cual quema mayor
cantidad de calorías) en unos y más bajo o lento en otros.
Cambiar
este metabolismo es difícil, pero es factible modificarlo, dentro
de unos márgenes para conseguir distintos objetivos (de hecho nuestro
propio organismo lo maneja para mantener una situación estable).
La situación de nuestro organismo (estabilidad metabólica actual)
y sus posibilidades de modificación (potencial de adaptación metabólica)
vendrá en gran parte determinado por lo que hacemos, nuestros hábitos
y como hemos explicado anteriormente por lo que hemos hecho en las
primeras fases de nuestra vida.
Varios
factores influyen en el metabolismo basal como el tamaño corporal,
la distribución de la masa magra y grasa, la edad, el sexo, situaciones
especiales como embarazo, fiebre, algunas enfermedades, factores
genéticos, actividad del sistema nervioso simpático y la función
tiroidea, entre otros:
-
Movimiento humano
(ejercicio o actividad física): Luego de una sesión de
ejercicio, el metabolismo basal se mantiene elevado por un período
de tiempo.
-
Tamaño y constitución
del cuerpo: El metabolismo basal es mayor en individuos
con una constitución física musculosa, y es menor en personas
obesas; esto se debe a que los músculos son tejidos relativamente
activos en comparación con el tejido adiposo, el cual es de
escasa actividad metabólica.
-
Efecto termogénico
de los alimentos (acción dinámica específica): Después
de ingerir una comida aumenta el metabolismo; esto es causado
principalmente por las distintas reacciones químicas asociadas
con la digestión, la absorción y el almacenamiento de los alimentos
en el organismo.
-
Edad y crecimiento:
Los niños tienen un elevado metabolismo basal; esto se
debe a la gran intensidad de las reacciones celulares, y a la
rápida síntesis de material celular y al crecimiento del organismo.
Por el otro lado, en la edad adulta el metabolismo basal desciende
porque decrece la masa celular activa y porque en muchos casos
aumenta la grasa corporal total.
-
Sexo (Género):
Por lo regular, el hombre tiene un mayor metabolismo basal
que la mujer, porque éste cuenta con menos cantidad de tejido
adiposo y más masa muscular, comparado con la mujer.
-
Secreción de
hormonas por ciertas glándulas endocrinas: La tiroxina
(hormona producida por la tiroides) aumenta el metabolismo.
Si la secreción de esta hormona disminuye (hipotiroidismo),
el metabolismo basal se reduce también. Además, la adrenalina
causa una elevación en el metabolismo.
-
Clima: El
metabolismo basal es mucho menor en regiones tropicales que
en las frías.
-
Sueño: Durante
el sueno el metabolismo disminuye, debido a un mayor grado de
relajamiento muscular y emocional.
-
Desnutrición:
Una desnutrición prolongada puede disminuir el metabolismo
drásticamente, debido a la falta de alimento en la célula.
-
Fiebre:
Cualquiera que fuera su causa, la fiebre aumenta el metabolismo
basal.
-
Embarazada:
Durante el último trimestre de la embarazada hay un aumento
en el metabolismo basal, ya que el feto y la placenta incrementan
su actividad metabólica (debido a que van creciendo) y porque
los tejidos maternales lo hacen de igual modo.
Mitos y creencias erróneas al respecto de la pérdida de peso,
la nutrición y el entrenamiento
Cuando
nos planteamos el perder peso, deberíamos reflexionar. En la mayoría
de casos se pretende dicho objetivo por razones, fundamentalmente,
estéticas. Esto esta bien, pero nos debería hacer pensar a los técnicos
en la necesidad de transmitir o modificar dichos objetivos (sin
prisas, de manera progresiva, con información) para transformar
dicha motivación extrínseca (lo hacen para mejorar su imagen ante
los demás) por una motivación de carácter más intrínseco (encontrarse
mejor, mejorar su calidad de vida, su salud). La razón es sencilla,
ya que el primer tipo de motivación es difícil mantenerlo, mientras
que el segundo tipo es mucho más constante y permanente.
Además
en personas con una motivación del tipo externo (para que le vean
mejor), buscará, necesitará, exigirá soluciones inmediatas, y recurrirá
para ello a dietas absurdas y peligrosas, suplementos, cremas, fajas,
artilugios varios (se convertirá en un gran inversor en la "otra"
industria del ejercicio físico y la salud).
Cremas reductoras,
ejercicios "milagro": No existen tales sustancias. Además ciertas
creencias como pensar que haciendo ejercicios abdominales va a reducir
la grasa en esa zona carecen de fundamentación científica (Heredia
y cols, 2005; López, 2000). Al respecto de ciertas "dietas" (del
melón, de la alcachofa, la disociada, no mezclar unos alimentos
con otros. No está demostrado con hechos científicos los supuestos
beneficios y los perjuicios de las mismas que muchas de ellas pueden
ocasionar a la salud).
Alimentos o sustancias
"milagro": ¿Alimentos? todos engordan (no igual) excepto el
agua y como decía el profesor Grande Covian: lo único que no engorda
es lo que se queda en el plato) e incluso, de alguna manera, podríamos
llegar a afirmar que dejar de comer puede, no solo conducir a importantes
estados carenciales y de salud, sino conllevar un efecto contrario
al de pérdida de peso.
Sobre
algunas sustancias de gran aceptación popular como "quemadores
de grasas" (principalmente la Carnitina), debemos conocer
que la carnitina es un aminoácido sintetizado en hígado y riñones
a partir de la lisina y metionina. La L-carnitina o butirato (beta-hidroxil[ganma-N-trimetilamonio])
es un cuerpo indispensable para la penetración de los ácidos grasos
de cadena larga en las mitocondrias de las células, donde con posterioridad
sufrirán la oxidación. Una vez dentro de dichos organelos la carnitina
se transforma en acilcarnitina, mediante la acción de la aciltransferasa.
Para que los ácidos grasos puedan sufrir la beta-oxidación necesitan
separarse de la carnitina, a lo que colabora otra aciltransferasa.
Por último, la carnitina libre debe abandonar la célula, lo que
hace con la ayuda de la carnitina translocasa. La beta-oxidación
de los ácidos grasos libera grupos acetilos que penetran en el ciclo
de Krebs. Hoy sabemos que la carnitina favorece la oxidación de
los aminoácidos de cadena ramificada (Villegas, 2006).
Durante
el ejercicio hay una redistribución de carnitina libre y acilcarnitina
en el músculo, lo cual no quiere decir que se pierda carnitina que
haya que reponer. No hay estudios serios de aumento del VO2
máx. No mejora la oxidación de ácidos grasos in vivo, ni ahorra
glucógeno ni postpone la fatiga. La dosis a emplear sería de 2 a
6 g/día (Villegas, 2006)
Sin
embargo, sabemos que una ingesta de proteínas de alta calidad suficiente
(2 g/kg/día) nos suministra suficiente lisina y metionina como para
sintetizar la carnitina necesaria para el transporte de ácidos grasos
al interior de la mitocondria.
Los
estudios más rigurosos (Heinonen OJ.et al 1996); ( Juhn MS. 2002);
(Koh-Banerjee PK et al., 2005 citados por Villegas, 2006) demuestran
que:
-
Los suplementos
de carnitina no mejoran la oxidación de las grasas in vivo,
ni mantienen las reservas de glucógeno ni pospone la fatiga
durante el esfuerzo.
-
No reducen la grasa
corporal
-
No induce una activación
del complejo piruvato deshidrogenada (que es muy activo de por
sí durante el ejercicio).
-
No afecta al VO2máx
-
No hay deficiencia
de carnitina demostrada en esfuerzos deportivos
Posibles razones del fracaso en los programas de reducción de
peso/variación composición corporal
Si
hemos comprendido el concepto de metabolismo, empezaremos a comprender
que es necesario que éste aumente (lo hace con el ejercicio), pero
no sólo momentáneamente, sino que si lográramos mantener un metabolismo
mayor al que teníamos antes de empezar nuestro programa de fitness,
sería ideal.
Se
observa que cuando la persona obesa pierde peso su organismo disminuye
el metabolismo basal en un intento por recuperarlo de nuevo (en
un proceso que se mantiene años), tras lo que el organismo vuelve
a normalizar el metabolismo basal, aceptando el nuevo peso como
adecuado (todo ello esta regulado por un ponderostato situado en
el hipotálamo) (Pérez Ruiz, M en López Mojares (coord.), 2002).
El
gasto diario de energía desciende progresivamente a lo largo de
la vida adulta. En los individuos sedentarios, el determinante principal
del gasto de energía es la masa magra, la cual declina alrededor
de un 15% entre los 30 y los 80 años, contribuyendo a crear una
proporción de metabolismo basal más baja en los adultos mayores.
La excreción de creatinina en 24 horas (un índice de la masa muscular)
está estrechamente relacionada con la proporción del metabolismo
basal de todas las edades. Las encuestas de nutrición en quienes
tienen más de 65 años muestran una ingesta energética muy baja en
los hombres (1400 kcal/d; 23kcal/kg/d). Estos datos señalan que
la preservación de la masa muscular y la prevención de sarcopenia
pueden ayudar a evitar el descenso en la tasa de metabolismo
Existe
un buen registro de la pérdida de masa muscular (sarcopenia) con
la edad. La excreción de creatinina urinaria, lo cual refleja el
contenido de creatinina del músculo y la masa muscular total, disminuye
aproximadamente en un 50% entre los 20 y los 90 años de edad. La
tomografía computarizada de los músculos de un individuo muestra
que después de los 30 años, se da una disminución en las áreas transversales
del muslo, un descenso en la densidad muscular y un aumento en la
grasa intramuscular. Estos cambios son más evidentes en las mujeres.
Se
ha mostrado que varios factores influencia la tasa metabólica. La
mayor correlación se ha hallado entre la masa magra del individuo
y la tasa metabólica basal. Se ha propuesto que el incremento en
la masa magra corporal incrementa la tasa metabólica basal, y por
lo tanto se incrementa el gasto energético total (Dolezal, et al.
2005). La masa grasa y la masa corporal total generalmente se reducen
con el ejercicio de resistencia; sin embargo, esta reducción contribuye
mínimamente a la ganancia de masa magra corporal.
Esta
pérdida de masa muscular que sucede con la edad, lleva parejo cambios
progresivos a todos nos niveles: neuromuscular, anatómico, cardiovascular,
y metabólico, ya que el músculo es una estructura activa (consume
energía) y tiene un papel protagonista en ese metabolismo basal.
El entrenamiento de fuerza ha mostrado ser muy útil para
aumentar el ritmo metabólico de reposo en jóvenes y ancianos (Ryan
et al., 1995; Reuth et al., 1995; Dolezal, Potteiger, 1998 en Jiménez,
2003).
Por
tanto, debemos considerar:
1ª cuestión:
que debemos saber de esta tendencia natural a ganar peso (graso)
por un cambio metabólico con la edad.
2ª cuestión:
Dado que la tasa metabólica basal viene a representar el mayor porcentaje
de el gasto energético diario de un individuo (~60-75% del gasto
energético total), es interesente identificar las intervenciones
que pudieran potenciar el incremento de dicha tasa metabólica basal
y en la tasa metabólica de reposo para facilitar la pérdida de peso
(Dolezal et al, 2005). Además de considerar el proceso de sarcopenia
e incluir en el programa intervenciones simultáneas al respecto.
Muchas
veces sucede que se inicia una dieta y el individuo pierde peso,
que es recuperado tiempo después, incluso supercompensado. También
ocurre, que pensamos que dejando de comer (ingresando menos) no
engordaremos, pero ello no ocurre de esta manera.
En
primer lugar el organismo es un sistema que tiene cierto nivel de
autonomía (funciona y trabaja por si solo sin nuestro permiso,
adaptándose a lo que nosotros le damos, o al estímulo que le proporcionemos).
Así por ejemplo, si sometemos a nuestro organismo a periodos de
inanición, nuestro organismo se adaptará y, en su función de mantener
el equilibrio, limitará al mínimo el consumo calórico (reservará,
normalmente reduciendo el metabolismo basal), lo cual es lo contrario
de lo que pretendemos.
Pero
es que además sabemos que nuestro organismo se adapta a las situaciones
que le vamos proponiendo, si realizamos una dieta normalmente restrictiva
y desequilibrada, ocurrirá una disminución de peso, pero como lo
más común es dejar dicha dieta (por eso deberíamos buscar mejor
instaurar hábitos de manera progresiva, que realizar dietas imposibles)
el organismo recuperará sus reservas y, posiblemente, algo más (para
el caso de que vea sometido a un nuevo período de restricción).
Propuestas para la consecución de objetivos relacionados con
la variación de la composición corporal en relación al ejercicio
físico
Tal
y como hemos dicho anteriormente existe una creencia muy común entorno
al gran papel como forma de ejercicio, para la pérdida de peso,
la realización de ejercicio resistencia (fundamentalmente aeróbica).
En
parte ello es cierto, pero más que cierto es aconsejable. El ejercicio
aeróbico es recomendable, en principio, para cualquier persona a
fin de mantener un nivel de fitness cardiovascular adecuado y asegurar
adaptaciones muy beneficiosas para nuestra salud y bienestar. Pero
debemos abordar dos cuestiones claves al respecto:
1. Qué tipo de entrenamiento
de resistencia y qué tipo de ejercicio es aconsejable prescribir
en personas con sobrepeso que desean mejorar su composición corporal.
2. La necesidad de prescribir
entrenamiento de fuerza para asegurar y garantizar mejoras en nuestra
composición corporal.
Sin
entrar a valorar la necesidad de un ajuste en los hábitos alimentación
(que deberán ser adecuadamente valorados y ajustados por un especialista)
debemos considerar que el problema está en la falta de estímulo
a nivel muscular.
El
aconsejar únicamente el desarrollo de trabajo aeróbico (de cualquier
tipo) es como ver el problema únicamente desde una perspectiva (es
un problema multifactorial y debemos plantear una solución que implique
una integración de dichos factores).
Ya
hemos comentado que un gran problema de los cambios metabólicos
que ocurren en nuestro organismo tienen relación directa con el
sistema endocrino y con el muscular (especialmente en lo referido
a la sarcopenia). Sabemos también que poseer una mayor masa muscular
va a beneficiarnos al respecto de un metabolismo mayor y una disminución
en la relación entre tejido magro y graso. No vamos a desarrollar
otros factores importantes que justifican lo necesario del trabajo
de fuerza, pues ya lo hicimos al hablar de razones para el trabajo
de fitness muscular.
Pero
debemos considerar otros aspectos, como el hecho de que el plantear
a un sujeto sedentario el realizar un volumen importante de trabajo
aeróbico de larga duración, supone un esfuerzo metabólico que puede
soportar, pero quizás no tanto para sus estructuras músculo-articulares
(sería necesario empezar con un trabajo del tipo andar ligero e
ir incrementando la intensidad progresivamente, en un proceso temporal
quizás algo "largo" para los deseos del cliente...el camino más
corto puede suponer combinar este trabajo con un acondicionamiento
músculo-anatómico adecuado).
Autores
como Shephard y colbs. observan claras deficiencias en la planificación
del trabajo aeróbico, no sólo en la evaluación, sino de prescripción
donde la mayoría de los estímulos que se proporcionan están por
debajo de los umbral necesarios para producir cambios, ni siquiera
a nivel metabólico (deberíamos replantearnos esos minutos de trabajo
cardiovascular en cinta, bici, remo, step, etc...determinando un
nivel de intensidad adecuada).
Además
la percepción de esfuerzo debe ser considerada. El individuo puede
estar más preparado "psicológicamente" para soportar una carga de
duración media o larga en forma interválica, que un trabajo continuo
y de muy larga duración (no sólo desde un punto de vista psicológico,
sino a nivel de sobrecarga articular) lo cual puede proporcionar
unas sensaciones negativas para el cliente que puede suponer un
factor para la adherencia a la actividad física.
En
lo referente al tipo de ejercicio aeróbico, debemos seguir
los planteamientos que cuestionan la utilidad de ejercicios como
la carrera en forma de métodos continuos extensivos de volumen mínimo
de 15' (hasta 150 min/sem, 5 días/sem, 30 min/día) (ACSM, 1997),
con una intensidad del 60-70 % VO2 máx. (nivel conversacional:
6-9 kcal/min), progresando de manera más favorable hacia los lineamientos
actuales (recomendación progresar hasta 200 a 300 min/sem(2.000
kcal/sem) (ACSM, 2001) y sobre todo de la utilidad de utilizar metodologías
como el entrenamiento intermitente, especialmente en fases iniciales
(mayor adhesión, motivación y menor posibilidad de lesión), además
de intentar utilizar métodos de bajo impacto articular (en personas
con sobrepeso) y buscar adaptaciones en la mejora de la fuerza a
fin de progresar en el entrenamiento cardiovascular (Jiménez, 2006).
Bibliografía
-
ACSM Position
Stand on Recommend Quantify and Quality of Exercise for Developing
and Maintaining Cardiorespiratory and Muscular Fitness and Flexibility
in Adult, Med. Sci. Sports Exerc., Vol 30, Nº 6, 975-991,
1998.
-
COLADO, J.C. Fitness
en las salas de musculación. Barcelona: Inde, 1996.
-
Dolezal, Brett A.
Potteiger, Jeffrey A. El Entrenamiento Concurrente entre
la Fuerza y la Resistencia influencia la Tasa Metabólica Basal
en Individuos que no Realizan Dieta. PubliCE Premium. 17/08/2005.
Pid: 514.
-
GAITANOS, G.C. et
al. Human muscle metabolism during intermittent maximal exercise.
J Appl Physiol, 75: 712-719, 1993.
-
Hawley, J (2004)
Entrenamiento de la fuerza y rendimiento en resistencia.
PubliCE Estándar. Pid 349
-
Heredia, JR; Isidro,
F; Pinsach, P; Ramón, M (2006): Manual del entrenador personal:
del fitness al wellness. Edit. Paidotribo. Barcelona. España.
-
HICKSON, R.C., H.A.
BOMZE, J.O. HOLLOSZY. Linear increase in aerobic power induced
by a strenous programa of endurance exercise. J Appl Physiol,
42: 372-376, 1977.
-
HOWLEY, E.; FRANKS,
B. Manual del técnico en salud y fitness. Barcelona:
Paidotribo, 1995.
-
IZQUIERDO, IBÁÑEZ,
LARRIÓN, GOROSTIAGA: Efectos de un programa de entrenamiento
combinado de fuerza y resistencia aeróbica sobre el sistema
neuromuscular, la capacidad cardiovascular y el perfil lipídico
en personas mayores. Centro de Investigación y Medicina
del Deporte. Instituto Navarro de Deporte y Juventud. Pamplona.
Servicio de Geriatría. Hospital de Navarra. Pamplona. ANALES
Sis San Navarra 2003, Vol. 26, Nº 1, enero-abril
-
Jiménez, A. Curso
de Entrenador personal y Deportivo. Universidad Alicante.
I Promoción 2006.
-
JIMÉNEZ, A. Entrenamiento
Personal. Bases, Fundamentos y Aplicaciones. Editorial INDE,
Barcelona, 2004.
-
JIMÉNEZ, A. Fuerza
y Salud, la aptitud músculo-esquelética, el entrenamiento de
fuerza y la salud. Editorial Ergo, Barcelona, 2003.
-
López Mojares, LM
(coord.) (2000): Actividad física y salud para ejecutivos
y profesionales. Edit. CIE Dossat. Madrid
-
MIÑARRO, P.A. Ejercicios
desaconsejados en la Actividad Física. Detección y alternativas.
Barcelona: Inde, 2000.
-
MIÑARRO, P.A.; MEDINA,
J. Mitos y creencias erróneas acerca de la actividad física
y el deporte (I) : descripción. Revista de Educación Física,
1999; 74: 5-12.
-
Scheider, W. (1985).
Nutrición: Conceptos Básicos y Aplicaciones (pp.). México:
McGraw Hill.
-
Training in humans.
J Appl Physiol, 89: 1793-1803, 2000.
-
Villegas (2006):
Curso de nutrición y ayudas ergogénicas. FEMEDE.
|