INTRODUCCIÓN
Los avances en el campo de las Ciencias del Ejercicio Físico
son fruto de una continua relación multidisciplinar de muchas
áreas de conocimiento. En la actualidad el nivel, cualitativo
y cuantitativo, de la investigación en dichas áreas y su aplicación
a las Ciencias del Ejercicio Físico nos conduce a la necesidad
de buscar una continua línea de actualización, para lo cual podemos
encontrar excelentes cursos y actividades formativas, publicaciones,
etc., pese a lo cual es común encontrar gran cantidad de información,
mitos y creencias que gozan de poco o ningún rigor científico,
pero que están profundamente “arraigadas” entre deportistas,
practicantes de ejercicio físico y, lo más preocupante, técnicos
y profesionales del ejercicio físico.
El entrenamiento de la fuerza es, quizás, uno de los campos que
más ha gozado del interés por el estudio y la investigación entorno
a diversos aspectos relacionados con su influencia sobre el rendimiento,
la salud y los diversos aspectos metodológicos relacionados con
su aplicación.
Fruto del conocimiento que nos otorga las preguntas y cuestiones
planteadas por nuestro alumnos en los cursos y seminarios que
impartimos, de nuestras conversaciones con compañeros y otros
profesionales de nuestro sector, surge el presente trabajo que,
únicamente, pretende hacer un humilde y breve repaso a muchos
de esos “mitos y creencias”, en este caso, relacionados
con el entrenamiento de la fuerza.

Tabla 1. Mitos y afirmaciones tratadas al respecto del
entrenamiento de la fuerza.
AFIRMACION I: Los tipos de fibras musculares son las
I (lentas) y II (rápidas). Las tipo II se dividen en IIA, IIB
y IIC.
El músculo, el tejido más abundante del cuerpo humano, está constituido
por un haz de células, fibras, que se mantienen juntas merced
al tejido conjuntivo.
Actualmente los tipos de fibras se pueden distinguir mediante
técnicas inmunohistoquímicas, en función de una secuencia de aminoácidos
que integra las cadenas pesadas de la miosina. Así se han diferenciado
las fibras tipo I, IIa, IIb y IIx, que expresan distintos tipos
de isoforma de cadena pesada de miosina (b-MHC, IIb-MHC y IIx-MHC)
(López Calbet y cols., 1999).
En humanos, las fibras rápidas son aquellas que muestran una
muy baja actividad de citocromo-c-oxidasa o succinato deshidrogenada
(SDH) mientras que son las que tienen la actividad a-glicero-fosfato
deshidrogenasa más alta. A estas fibras musculares frecuentemente
se les denomina fibras IIb, sin embargo, este tipo de fibras IIb
en humanos no expresan la isoforma de MHC IIb, pero si la isoforma
de MHC IIx. Es por ello que a las fibras IIb en humanos se les
debe denominar IIx (González y Rivas, 2002, Smerdu y cols., 1994,
Sant´Ana Pereira, 1996, López Calbet y cols., 1999, L. Andersen,
J.; Schjerling, P.; Saltin, B, 2000). Dicha matización no es trivial,
puesto que el comportamiento mecánico y metabólico de dichas fibras
IIx se encuentra a medio camino del de las fibras IIa y IIb.
La máxima velocidad de contracción de una fibra del tipo I es
unas diez veces menor que la de una fibra tipo IIx. La velocidad
de las fibras del tipo IIa se encuentra entre las dos anteriores.
El otro tipo de fibras, las IIb, en condiciones normales, esta
isoforma, como hemos expuesto, no se expresa en el hombre, pero
el gen está en los músculos esqueléticos, estando presentes en
ratas y otros micromamíferos. Esta isoforma (IIb) conferiría a
las fibras musculares una celerísimas características funcionales
ya que la isoforma IIb se contrae mucho más deprisa que las fibras
IIx o IIa y, por ende, genera mayor potencia (L. Andersen, J.;
Schjerling, P.; Saltin, B, 2000)
Autores como Andersen y cols. (2000) han mostrado resultados
sobre el aumento de expresión de isoforma de miosina IIx, por
encima del umbral de referencia, durante el periodo de inactividad
después de un entrenamiento de resistencia, mientras que el tiempo
que duró este entrenamiento la expresión disminuyó por debajo
de los niveles de referencia. Otros trabajos muestran que los
mayores aumentos de área de sección de fibras musculares (hipertrofia)
se producían con entrenamientos con ejercicios excéntricos en
fibras IIa y IIx (16%), excéntricos-concéntricos (10%) y los concéntricos
(5%). Todo ello sugiere que la expresión genética de isoformas
de miosina responde de manera específica al tipo de carga mecánica,
siendo más efectiva las contracciones excéntricas para la estimulación
de las síntesis de nuevas miosinas (González y Rivas, 2002)
AFIRMACION II: La fuerza es la capacidad muscular de
vencer u oponerse a una resistencia, existiendo tres tipos de
fuerza: la máxima, la explosiva y la resistencia.
Es esta una afirmación quizás simplista y un poco inexacta. La
fuerza, (ver Tous, 1999), no es una capacidad únicamente muscular
ya que una fibra por si sola sería incapaz de producir la contracción
(en situaciones normales), sino que necesita de la intervención
del sistema nervioso para tal activación. Tous (1999) pone el
claro ejemplo de la persona parapléjica que teniendo una evidente
masa muscular en las piernas podría, en tal caso, caminar.
Debemos preguntarnos los técnicos, si conocemos suficientemente
la jerarquización y funcionamiento de dicho sistema nervioso y
su relación con la actividad muscular.
Así pues sería más adecuado, desde nuestro punto de vista, hablar
de fuerza como CAPACIDAD NEUROMUSCULAR (aunque aceptemos, dado
su difusión y para facilitar la comunicación el término “fitness
muscular” por el más correcto “fitness neuromuscular”),
siendo la base del resto de capacidades, pues es esta, la capacidad
de activación neuro-muscular, la microestructura más elemental
sobre la que podemos incidir con el entrenamiento.

Figura 1. Propuesta de clasificación básica de capacidades
condicionales (Heredia, 2000).
El considerar únicamente tres tipos de fuerza es, en primer lugar,
un error (puesto que tal y como afirma el profesor González Badillo
(1996), FUERZA SOLO HAY UNA, por lo que deberíamos hablar de MANIFESTACIONES
DE LA FUERZA.
En segundo lugar, considerar estas “tres manifestaciones
de fuerza”, constituye una visión excesivamente reduccionista
que va en detrimento tanto del adecuado desarrollo de esta capacidad,
como de las propias posibilidades del proceso de entrenamiento.
Cualquier manifestación de fuerza se ve reflejada en la tensión
producida en el músculo, por lo que podríamos considerar a la
tensión como “la capacidad de los puentes cruzados de producir
fuerza” (González Badillo y Gorostiaga, 1996), así pues
dicha tensión vendrá transformada en fuerza. Físicamente podríamos
decir que esto no ocurriría en el caso de una activación isométrica
(velocidad y distancia=cero), pero parece claro que en el músculo
si se ha producido una gran tensión.
Al respecto de la tensión, deberemos considerar que variará a
lo largo del recorrido articular (en acciones musculares dinámicas)
y que por tanto, no sería correcto denominarla “isotónica”
(mismo-tono), siendo quizás más apropiado utilizar términos como
“anisométrico” o “variométrico”.
Pese a lo inapropiado de términos como “concéntrico”
o “excéntrico”, y estar completamente de acuerdo al
respecto de la necesidad de utilizar otros más adecuados como
los expuestos por autores como Tous (1999), podríamos considerar
(González y Ribas, 2002) que pese a inadecuados, su utilización
está tan generalizada que no tiene sentido modificarla (para nosotros
si, pero quizás supone una inversión poco rentable desde el punto
de vista del beneficio final).
Igualmente, no sería muy adecuado utilizar el término “isométrico”
(misma-medida), puesto que existen movimientos internos, no apreciados
a nivel externo, que provocan contracción de los componentes contráctil
(sarcómeros) y elásticos en paralelo (sarcolema, tejido conjuntivo,
etc...) las fibras musculares y estiramiento de los componentes
elásticos en serie (tendones) (Tous, 1999). Ello nos lleva a un
tipo de acción en la que no existe variación en el ángulo articular,
pero si existirá a nivel de longitud muscular, siendo por tanto,
más apropiado utilizar términos como “estática” (pese
a que a nivel de actividad muscular, pudiera ser más adecuado
el término “concéntrica-estática”, o quizás “miométrica-estática”)
(González y Ribas, 2002).

Figura 2. Manifestaciones de la fuerza (Gónzalez y Rivas,
2002).
En lo referente a los “tipos de fuerza”, inicialmente,
tal y como decíamos, debemos considerar que no existen varios
tipos distintos de fuerza (máxima, explosiva, etc...), sino que
fuerza, sólo hay una, la activación muscular, y lo que si nos
encontraremos serán distintas MANIFESTACIONES DE DICHA FUERZA
(González y Gorostiaga, 1996) (activas con mayor o menor incidencia
en la capacidad contráctil: máxima isométrica, dinámica máxima,
explosiva, etc....; reactivas con mayor o menor aprovechamiento
del fenómeno elástico-reflejo, etc...). Así tendríamos:
Manifestación de Fuerza Absoluta (FAbs.): muchas veces
confundida con la manifestación dinámica máxima y, en este caso,
referida más a una capacidad potencial, o sea capacidad teórica
que no se manifiesta, normalmente, de forma voluntaria (entrenamiento)
sino más bien en situaciones de carga psicológica extrema, con
ayuda de “farmacología” o por electroestimulación
(González y Gorostiaga, 1996).
Manifestación de Fuerza Dinámica Máxima (FDM): referida
a la expresión de fuerza cuando la resistencia es desplazada una
sola vez o se puede desplazar ligeramente con velocidad baja (debido
a la gran carga, la velocidad debe ser máxima para esa carga).
Evidentemente si medimos la fuerza máxima dinámica por ejemplo
con un squat se produce un CEA y podríamos considerarla como expresión
reactiva (Bosco, 1995; Gorostiaga y cols., 1997): ciclo doble
de trabajo muscular, pero es precisamente esa gran carga y baja
velocidad lo que hace despreciable la posible activación pliométrica
(aprovechamiento de capacidad elástica muscular) (González y Gorostiaga,
1996).
Manifestación de Fuerza Dinámica Máxima Relativa (FDMR): es
la máxima fuerza expresada ante resistencias inferiores a la fuerza
dinámica máxima (Tous, 1999). Un sujeto tendrá un solo valor de
FDM en un movimiento y condiciones concretas, pero numerosos de
FDMR.

Figura 3. Valores de Fuerza Dinámica Máxima Relativa. (González
y Gorostiaga, 2004).
Cuando la carga es inferior a la FIM o la FDM, el PMF que se puede
alcanzar será progresivamente menor
Manifestación de Fuerza Explosiva (FE): podríamos considerarla
como la habilidad o capacidad del sistema neuromuscular para desarrollar
una alta velocidad de acción para crear una gran aceleración en
la expresión de fuerza, o sea, la manifestación de fuerza (incremento
de tensión muscular) por unidad de tiempo (González y Gorostiaga,
1996).
Depende muy directamente de la capacidad contráctil (fuerza dinámica
máxima) y en la capacidad de reclutamiento y sincronización instantánea
de gran número de unidades motrices (mecanismos nerviosos).
Manifestación de Fuerza Elástico-Explosiva (FEEXP): Dicha
manifestación de fuerza añade al factor de capacidad contráctil
(FDM/FIM) y capacidad de sincronización y reclutamiento instantáneo
(determinantes en las anteriores manifestaciones) el componente
de “capacidad elástica” fruto del CEA (ciclo-estiramiento
acortamiento), donde la energía cinética generada en la fase excéntrica,
se almacena en forma de energía elástica, convirtiéndose en energía
mecánica en la fase concéntrica.
Manifestación de Fuerza Reactivo-Elástico-Explosiva (FREEXP):
Añade a la anterior un componente de facilitación neural importante
como es el efecto del reflejo miotático de estiramiento (González
y Gorostiaga, 1996). El CEA es mucho más rápido y con una fase
de transición muy corta (<240 ms).
AFIRMACION IV: “Para trabajar la fuerza explosiva
hay que trabajar con cargas medias—bajas y alta velocidad.
Realizar una repetición con la máxima resistencia (peso) no mejora
la fuerza explosiva ...”
No es del todo cierto ya que la explosividad es específica para
cada magnitud de carga (González Badillo, 1997). El trabajar con
cargas altas propiciará que la velocidad de movimiento sea baja,
pero no por el hecho de intentar manifestar la fuerza en el menor
tiempo posible, sino por que el alto valor de la carga no permite
mayores velocidades.
Los ejercicios explosivos no son por tanto los descritos en el
enunciado, sino aquellos en los que se alcanza la máxima o casi
máxima producción de fuerza en la unidad de tiempo (Schmidbleicher,
1992 en González Badillo, 2000). Tal y como afirma González Badillo
(González y Ribas, 2002), la fuerza explosiva puede entrenarse
con cualquier carga, siempre que la producción de fuerza por unidad
de tiempo sea la máxima posible. Deberíamos pues hablar de cierta
“especificidad” de la explosividad (necesidades de
fuerza explosiva ante cargas altas, medias o ligeras) y con ello
de distintas metodologías de entrenamiento.

Figura 4. Conceptos asociados a la fuerza como capacidad
neuromuscular. (González y Rivas, 2002) .
Pero no deberíamos confundir fuerza explosiva solo con “movimiento
rápido”, puesto que dicha fuerza explosiva depende del incremento
de fuerza producido por unidad de tiempo y un sujeto tendrá distintos
valores de fuerza explosiva, según el incremento de fuerza que
se produzca entre dos puntos (Vidal Barbier, 2000).
Antes de iniciar el desplazamiento de una resistencia tenemos
que aplicar, en acción estática o isométrica, una fuerza ligeramente
superior a la fuerza que representa la propia resistencia, pues
de lo contrario el peso no se movería; por tanto, si la resistencia
fuese superior al 30% de la FIM del sujeto, antes de iniciar el
movimiento ya se habrá podido aplicar la fuerza necesaria como
para alcanzar un valor de producción de fuerza por unidad de tiempo
equivalente a la fuerza explosiva máxima; de lo que se deduce
que dicha fuerza explosiva máxima se produce en la fase estática
de cualquier desplazamiento de una resistencia, y que si la resistencia
es muy pequeña no se va a poder producir dicha fuerza explosiva
máxima (González y Gorostiaga, 2004)
Dentro de dicha fuerza explosiva, distinguiremos (Tous, 1999):
- La fuerza inicial (capacidad manifestar mayor fuerza posible
al inicio de una acción muscular, muy determinada por condiciones
innatas del sistema neuromuscular). Calculada en la curva f-t
(fuerza-tiempo) de activaciones máximas tanto dinámicas como
estáticas. Siendo un valor bastante estable y relativamente
poco modificable con el entrenamiento.
- Fuerza de aceleración (como capacidad muscular para manifestar
tensión lo más rápidamente posible una vez la acción muscular
ha comenzado)
- Fuerza explosivo máxima (capacidad para ejercer mayor cantidad
de fuerza posible en el mínimo tiempo posible). Calculada a
partir del cociente fuerza máxima alcanzada/tiempo necesario
para ello (gradiente J de la curva f-t).

Figura 5. Gradientes de fuerza (tomado de González y Gorostiaga,
2004).
Se ha de tener en cuenta el índice de manifestación de fuerza
explosiva (IMF) o RFD (rate of force development), se puede calcular
a lo largo de la curva f-t y no solo en una parte concreta de
la misma, como en ocasiones se ha sugerido. La RFD, como la relación
entre la fuerza aplicada y tiempo para ello, es la que determina
si nos referimos a una fuerza inicial, de aceleración o explosivo
máxima (Tous, 1999).
Aunque parezcan conceptos complejos, en Rusia se ha trabajado
con ellos desde los años 50 y según autores como Vekhonshansky
(1986) son la base donde fundamentar el proceso de entrenamiento
de la fuerza.
A modo de conclusión de este apartado (para una mayor compresión
del mismo animamos a la lectura de trabajos como el publicado
por González y Gorostiaga, 1996), podríamos reflexionar entorno
a las siguientes cuestiones entre las relaciones entre fuerza
explosiva, resistencia (peso), tiempo y velocidad de movimiento
(González y Gorostiaga, 2004):
- No se debería confundir/identificar fuerza explosiva y velocidad
de movimiento, aunque exista relación entre ambas.
- Si la velocidad es muy elevada (resistencias <25-30% de la
FIM), la FEmáx. (fuerza explosiva máxima) no se puede alcanzar.
- Si la resistencia es >30% de la FIM (por lo que la velocidad
será progresivamente decreciente) la FEmáx. no varía.
- La FEmáx. se produce siempre en la fase estática o isométrica
del movimiento.
- Por tanto, aunque la velocidad sea cero (resistencia insuperable)
la FE puede ser la máxima.
- Cuanto mayor es la resistencia, mayor relación existe entre
la fuerza dinámica máxima, la FE y la velocidad de ejecución.
- A mayor FE mayor es la velocidad ante la misma resistencia.
- Cuanto mayor es el nivel deportivo, más se reduce el tiempo
disponible para producir fuerza y más importancia adquiere la
FE.
- La velocidad del movimiento depende directamente del % en
que la fuerza aplicada supera a la resistencia: r=0,986:p<0,001:n=7
(JJ González Badillo, 2000).

Figura 6. Curva fuerza-tiempo y zona de FEmáx. (Tomado
de González y Gorostiaga, 2004).
AFIRMACIÓN III: La intensidad de entrenamiento de fuerza
equivale a el % de 1 RM.
Es muy frecuente y práctico el utilizar el % de 1 RM (repetición
máxima) como expresión de la intensidad de entrenamiento. Según
esta afirmación, ello querría decir que si realizase un test de
1 RM de press banca, por ejemplo, y en dicho test consiguiese
hacer una repetición (no más) de 100 Kg, estaría trabajando con
una intensidad del 80% cuando trabajase con 80 Kg.
Pero ello no es completamente cierto, ya que para que dicho %
de carga (eso es exactamente dicho valor) correspondiese con la
intensidad se debería considerar factores como son la velocidad
de ejecución (que en dicho caso debería ser la máxima), repeticiones/serie,
potencia de ejecución, pero serán todas estas formas complementarias
y verdaderas componentes de la intensidad (González y Rivas, 2002).
Será, por tanto la velocidad propia de cada % lo que determina
el esfuerzo real y la orientación del efecto del entrenamiento.
De tal manera que si la velocidad de ejecución es muy inferior
a la máxima posible (de manera voluntaria o por fatiga...) el
efecto del entrenamiento cambia de orientación (Badillo, 2000).
Igualmente es importante destacar que cuando se entrena con cargas
cercanas a la máxima, aunque la velocidad real no sea elevada,
lo que cuenta es la intencionalidad de levantar dicha carga a
la mayor velocidad posible (Behm y Sale, 1993).
La utilización de un mismo % de 1RM daría lugar a dos intensidades
distintas en función de qué velocidad o potencia de ejecución
sea la máxima posible o no, o si hacemos el máximo número de repeticiones
por serie o no. Además de considerar la densidad (tiempo de recuperación
entre repeticiones y series) como otro componente de esa intensidad
(González y Rivas, 2002).
Cuando la resistencia (mucho más adecuado este término) utilizada
sea igual o superior al 90% de 1RM, la velocidad de ejecución
tiene que ser la máxima posible, ya que con esos % no se puede
regular la velocidad. Sin embargo con % inferiores al 85-90% puede
tener mucha importancia que el movimiento se realice a la máxima
velocidad o no.
Cuando entrenamos, especialmente, con resistencias iguales o
superiores al 70% de 1 RM y hacemos varias repeticiones por serie,
cada una de ellas se va realizando a una velocidad menor. Esto
significará que cada repetición se hace con un carácter de esfuerzo
diferente y, por tanto, la intensidad no será la misma durante
la serie (González y Rivas, 2002)
Ello es muy importante para la estimación de la intensidad de
entrenamiento, pero también a la hora de dar el valor adecuado
a las alternativas de estimación del valor de 1RM por medio de
ecuaciones, en las que parece existir cierta pérdida de fiabilidad
a partir 10-15 repeticiones (según test).
Para tener una orientación bastante aproximada se proponen numerosas
fórmulas con las que podemos conocer tanto el valor de 1RM como
el % que presenta un peso en función de las repeticiones que hayamos
podido hacer. Pero cuidado en la aplicación a todos los ejercicios.
González Badillo (1997) únicamente expone una correlación entre
los predoctores (número máximo de repeticiones realizadas con
el peso correspondiente) y el criterio (1RM o el % de 1RM) de
0.99 en press banca y 0.96 para la sentadilla.
La fórmula expuesta por Brzycki (1993), muestra una precisión
menor a partir de las 10-12 repeticiones (otras como la Welday
(1988) y Epley (1985) parecen ser más precisas cuando se realizan
más de 10 repeticiones). El uso de las mismas tanto en entrenamiento
como test, es más fiable cuando el número de repeticiones está
comprendido entre 2 y 10 (González Badillo, 1997; Tous, 1999).
Además de que la expresión de la intensidad por medio de % de
1RM, tiene algunos inconvenientes entre los que encontramos (González
y Rivas, 2002 Kroll, 1962; Reinking et al., 1996; citados por
Brown y Weir, 2001; Jiménez, 2004):
- La RM no se debe medir en sujetos jóvenes o con poca experiencia
en entrenamiento de fuerza, por su poca fiabilidad potencial
riesgo de lesión y por su poca necesidad, pudiéndose estimar
la RM mediante otros medios.
- Los sujetos inexpertos experimentan importantes mejoras en
sus valores de fuerza en sesiones sucesivas de valoración simplemente
por su familarización con el test, con el equipamiento y con
el tipo de acción muscular socilitada.
- Solo determina la capacidad de rendimiento en acciones biométricas
(concéntricas) y no da información sobre la capacidad pliométrica
(excéntrica). Además el valor obtenido en 1RM está limitado
por el punto de menor eficacia mecánica en todo el ROM
- El % de la RM no tiene por qué corresponderse con el valor
de la RM real del día de entrenamiento (tanto en exceso como
por defecto).
- La incorrecta medición de 1RM. Si por ejemplo, en un press
banca al medir dicho valor la velocidad media el movimiento
ha sido igual o superior a 0.3 m*s¹, la RM medida estará por
debajo de la real, lo que podría significar que a partir de
ahí los entrenamientos tenderán a realizarse con resistencias
inferiores a la teóricamente programadas.
Consideramos, que el aplicar alternativas a dicho concepto tradicional
de RM es mucho más útil y, posiblemente, riguroso. Así como podría
ser, por ejemplo, el considerar el CARÁCTER DE ESFUERZO (González
Badillo, 1997) y velocidad de ejecución como medios complementarios
de control de la intensidad de entrenamiento.
El carácter de esfuerzo viene determinado por el número de repeticiones
que hacemos o dejamos de hacer en una serie. Así por ejemplo no
es lo mismo programar un trabajo de 3 repeticiones por serie pudiendo
hacer 6 (carácter de esfuerzo no máximo) que realizar el máximo
número de repeticiones con una carga (carácter de esfuerzo máximo).
Si el carácter de esfuerzo es el máximo (máximo número de repeticiones
en una serie) trabajaré la fuerza máxima a expensas de adaptaciones
funcionales (según repeticiones de 1 a 3 por ejemplo) o estructurales
(con repeticiones de 8-10).

Tabla 2. Definición y aplicación carácter de esfuerzo.
Sin tener otros medios y conociendo los valores de repeticiones
por serie (y su influencia sobre dichos aspectos de entrenamiento)
y el carácter de esfuerzo podemos aproximarnos bastante a la carga
real (intensidad) del entrenamiento y a los posibles efectos propiciados
por dicho trabajo, ello podría ser de especial interés y aplicación
en el mundo del entrenamiento para la salud en centros de Fitness
y gimnasios sin tecnología y mejores medios de control de la intensidad.
Por otro lado, en entrenamiento de la fuerza para la salud (Fitness
Muscular), es posible que el trabajo con un número moderado de
repeticiones por serie, con un carácter de esfuerzo no necesariamente
máximo, pueda mantener su eficacia durante toda la vida, siendo
necesario, para que esto fuese eficaz, el que el carácter de esfuerzo
aumentara progresivamente, aunque en pocas ocasiones se llegue
al carácter de esfuerzo máximo (todo ello dependiendo del objetivo
pretendido lógicamente).
AFIRMACION V: “Al respecto la capacidad de “transformación”
de la masa muscular en grasa...”
Empezaremos por la creencia de la posibilidad de que un incremento
de la masa muscular pueda suponer una “transformación”
de ésta en grasa, una vez se abandone o reduzca la práctica de
ejercicio físico. Tal y como afirma Colado (1996) es esta una
idea absurda. A nivel general se piensa en una “conversión”
de la masa muscular obtenida mediante trabajo hipertrófico en
sala de pesas en masa grasa tras el abandono prolongado de dicho
trabajo. Esto no es posible, nunca ocurrirá la transformación
“mágica” de masa magra a grasa (Colado, 1996). Pensar
en que algún sistema o entrenamiento pueda transformar un sarcómero
en un adipocito es una autentica quimera.
Es posible, que con el abandono de la práctica de ejercicio físico
tenga lugar una disminución progresiva de las adaptaciones obtenidas
(reducción diámetro muscular y, por ende, alteración de la relación
peso graso/magro), pero el posible aumento de masa grasa sería
debido al balance calórico positivo (con incremento, o no, de
la ingesta y reducción del gasto calórico) y a posibles modificaciones
metabólicas (metabolismo base), pero no a la conversión o intercambio
de un tejido muscular, por uno graso.
Pero todo ello ocurrirá en la misma medida (posiblemente algo
más lento si posee un metabolismo basal algo más elevado) que
puede ocurrir en una persona con estilo de vida sedentario (Colado,
1996).
Se observa que cuando la persona obesa pierde peso, su organismo
disminuye el metabolismo basal en un intento por recuperarlo de
nuevo (en un proceso que se mantiene años), tras lo que el organismo
vuelve a normalizar el metabolismo basal, aceptando el nuevo peso
como adecuado (todo ello esta regulado por un ponderostato situado
en el hipotálamo) (Pérez Ruiz, M en López Mojares (coord.), 2002).
Con el paso de los años, todos tenemos tendencia a aumentar de
peso, pero sobre todo a favor del % de grasa. Ello se ve favorecido
por un fenómeno que es determinante a la hora de hablar de envejecimiento,
salud, deterioro físico y funcional, y también de ganancia de
peso con la edad: la sarcopernia, o lo que es lo mismo la pérdida
de masa muscular (es un fenómeno fisiológico natural y que actualmente
se cree puede ser una de las claves de la salud y el bienestar
durante toda la vida).
Esta pérdida de masa muscular que sucede con la edad, lleva aparejado
cambios progresivos a todos los niveles: neuromuscular, anatómico,
cardiovascular, y metabólico, ya que el músculo es una estructura
activa (consume energía) y tiene un papel protagonista en ese
metabolismo basal. El entrenamiento de fuerza ha mostrado ser
muy útil para aumentar el ritmo metabólico de reposo en jóvenes
y ancianos (Ryan et al., 1995; Reuth et al., 1995; Dolezal, Potteiger,
1998 en Jiménez, 2003).
Además, parece poco razonable someter a individuos sedentarios
o con sobrepeso a sesiones de entrenamiento de resistencia (o
condición cardiovascular) con medios y elevados volúmenes de entrenamiento,
especialmente con el empleo de ejercicios de alto impacto articular,
sin proceder a un progresivo y adecuado acondicionamiento músculo-tendinoso,
que le capacite y garantice el desarrollo de programas de entrenamiento
de resistencia, facilitando mejores adaptaciones y, posiblemente,
una mejor adhesión a la práctica.
Todo ello y a la luz de numerosas investigaciones al respecto,
parecen aconsejar el entrenamiento de la Fuerza y sus manifestaciones
como base del entrenamiento de la condición física y salud.

Figura 7. Entrenamiento de la condición física orientada
a la salud. (Heredia et al, 2006).
AFIRMACION VI: “Entrenamiento anticatabólico
(ACT:anticatabolic training)...una única serie por grupo muscular..”
Anti-Catabolic Training nace de una propuesta de Pipes (1988)
en búsqueda de una metodología orientada al aumento de masa muscular,
considerando que la consecución de la misma conlleva la necesidad
de buscar un anabolismo, reduciendo al máximo el catabolismo muscular,
la destrucción de tejido muscular. (Julio Tous, 1999).
Para dicho fin se proponen 10 normas a fin de provocar una sinergia
que induzcan a la consecución de un incremento de masa muscular:
- Tres sesiones de entrenamiento semanales de 1 hora de duración,
pues se necesitan unas 48 horas para los procesos de resuperación
e hipertrofia.
- Ejercitar los grupos musculares grandes en primer lugar, por
su mayor reserva de glucógeno y de esta manera será más fácil
utilizar estos depósitos primero.
- Realizar una sola serie por cada grupo muscular, más series
producen catabolismo (destruyen tejido). Un calentamiento con
series más ligeras es obligado.
- Realizar entre 8 y 12 repeticiones máximas está probado que
logra la máxima hipertrofia.
- Levantar la carga hasta que no se pueda hacer ninguna repetición
más, si se realizan más de 12 repeticiones repetir la serie
con algo más de carga.
- Incluir en la dieta un 60-70% de hidratos de carbono para
mantener altos los depósitos de glucógeno y evitar la utilización
de proteínas.
- Tomar carbohidratos 2 horas antes del entrenamiento, por la
misma razón anterior.
- Ingerir proteína una hora antes e inmediatamente después del
entrenamiento. Antes para tenerlas circulando en sangre durante
el entrenamiento. Después, por la supuesta conversión de proteína
en tejido muscular durante las 8 horas posteriores al entrenamiento.
- Tomar líquidos antes, durante y después del entrenamiento.
- Añadir una hora de sueño por cada hora de ejercicio.
Es obvio que la teoría del entrenamiento anticatabólico se apoya
en varios aspectos, además del ya expuesto, y que podríamos considerar
con una transferencia positiva hacia el entrenamiento orientado
al fitness, pero si nos centramos en el hecho de la utilización
de series únicas y la argumentación al respecto, deberíamos revisar
dicha propuesta (al menos en este aspecto).
Entre los argumentos de esta propuesta están los expuestos por
diversos autores (Jiménez, 2003) al respecto de distintos estudios
que demuestran resultados similares entre programas de una sola
serie y programa de series múltiples. Estos datos han apoyado
la idea de que los sujetos entrenados responden de manera favorable
a ambos tipos de entrenamiento (series únicas vs. múltiples) y
la base del entusiasmo y la popularidad alcanzada por los programas
de series únicas entre los aficionados del mundo del fitness (Peigenbaum,
Pollock, 1999 en Jiménez, 2003), aunque tal y como expone Jiménez
(1999) en la revisión de dicha cuestión que realiza en su obra,
ambos tipos de entrenamiento (series únicas vs. series múltples)
son efectivos para principiantes en programas a corto plazo (3
meses), pero los estudios parecen apoyar la necesidad de mayores
volúmenes de entrenamiento para alcanzar mejoras adicionales en
sujetos experimentados.
REFERENCIAS
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