Ejercicios saludables ¿realidad
o ficción?
Acciones articulares con potencial riesgo lesivo
Felipe
Isidro
fisidro@gmail.com
Juan
Ramón Heredia
juanrafitness@hotmail.com
Iván Chulvi
chulvi77@hotmail.com
Miguel Marín
Miguel Ramón
(SFH) Grupo Español de Investigación en Ciencias del
Ejercicio,
la Salud y el Fitness. Asociación Técnicos y Profesionales
Actividades Físicas y Deportivas (Rg. 4277 CAPGV). LCAFD. (España)
Introducción
Contextualización
En los últimos años estamos presenciando un
gran avance de la investigación en el campo de las ciencias del ejercicio, especialmente en lo
referido a la relación dosis-respuesta (Rhea y col. 2003) y a los criterios mínimos para la
prescripción de ejercicio físico orientado a la mejora de la salud y calidad de vida (fitness),
llegándose a cierto consenso (ACSM 2002, Kraemer y Ratamess 2004, 2005) y unanimidad en la
aceptación y aplicación de dichos conceptos por parte de los Técnicos que desarrollan su labor en
dicho sector.
No obstante, parece que el alcance de otros
aspectos relacionados con la prescripción de los programas de ejercicio físico no goza de los
mismos niveles de aceptación y consenso, e incluso son muy cuestionados por parte de gran parte de
los especialistas. Ello pudiera ser problemático, especialmente considerando que la aplicación de
una correcta "dosis" de ejercicio dependerá de su elemento más básico, esto es, del propio
"ejercicio" en si. Es por ello que será fundamental establecer los criterios más adecuados para una
correcta selección de ejercicios a aplicar y, además, conocer de manera preactiva tanto la
correcta, segura y saludable manera de ejecutarlos, como los potenciales riesgos lesivos de
cualquier acción articular que incluyesen los mismos (Colado, 1996; López, 1998; Heredia y cols.,
2007, Colado y Chulvi in press).
Así por ejemplo, aún hoy podemos encontrar la
recomendación de los técnicos de mantener la "espalda recta o pegada a la superficie
estabilizadora" en determinados ejercicios, normalmente de empuje. Ello significaría reducir la
lordosis fisiológica y, actualmente, conocemos la necesidad de mantener el raquis alineado
conservando, en la medida de lo posible, una lordosis lumbar fisiológica lo que permitirá reducir
el riesgo de fallo en los tejidos cuando se manejen cargas o se moviliza el tronco (McGuill, 2004).
Pero la discusión puede llegar a ir más allá de
los límites que verdaderamente debieran abarcar (aspectos kinesiológicos) y que se entendiese un
"ataque" hacia determinados ejercicios e incluso métodos o programas de entrenamiento. Ello sería
un error. Si pudiésemos llegar a establecer que una acción articular o determinadas zonas del ROM
(rango de movimiento) de dicho movimiento pudieran conllevar incrementos en los niveles de tensión
tolerables por las estructuras anatómicas, no quiere decir que el ejercicio sea bueno o malo, o que
el programa que lo contiene pudiera serlo igualmente.
Es por ello, que la primera cuestión a entender
es que el organismo no entiende de ejercicios, si no más bien de movimientos (acciones
articulares), el organismo mueve y controla el sistema músculo-esquelético. De manera simple
podemos decir que el organismo no entiende si realiza una sentadilla o un ejercicio de pilates,
simplemente realiza (en una secuencia dirigida por el sistema neuromuscular) acciones articulares
tipo flexo-extensión de rodilla, abducción de cadera, flexión de tronco, etc…Así pues no podemos
seguir pretendiendo entender las implicaciones que conllevan estas acciones articulares o parte de
ellas sobre nuestras estructuras anatómicas, como un "ataque" a determinados métodos, sistemas o
ejercicios.
Pongamos un ejemplo con el ejercicio de
sentadilla (flexo-extensión de rodilla y cadera en todo el ROM articular). Inicialmente el
ejercicio de sentadilla será utilizado según el objetivo de entrenamiento (y será necesario en el
caso de especialidades deportivo-competitivas donde exista tal acción articular), pero en el caso
de atender a parámetros de salud e integridad articular, está ampliamente demostrado y documentado
(Wretemberg et al., 1996; Chandler J, et al., 1991; 2006; Wills AK, et al., 2005; Kvist J,
Gillquist J., 2001; Nakagawa S et al., 2000; 2003; Thacker, et al; 2003; Senter y Hame, 2006;
Howley y Franks 1995, ACSM 2001) que sobrepasar los 120º de flexión conlleva un incremento en el
riesgo sobre los supuestos beneficios sobre las estructuras anatómicas de la rodilla, como por
ejemplo un incremento de la compresión en la articulación femororrutuliana (Neumann, 2007). Ni tan
siquiera una "supuesta" preparación para las actividades de la vida diaria justificaría el incluir
dicha acción articular en los programas de ejercicio físico saludable, pues como indican Neitzel y
Davies (2000) Escamilla (2000) Nordin y Frankel (2001) la mayoría de actividades cotidianas se
realizan entre 0 a 40º del rango de movimiento de la rodilla.
El problema, pues, no radicaría en el ejercicio
de sentadilla, si no en la utilización de un rango de movimiento en la acción de flexión de rodilla
donde existen una situación desfavorable para la integridad articular, además de incluir una serie
de factores que incrementarían la magnitud de la potencialidad lesiva de tal acción, tal y como
veremos en los siguientes apartados.
Lo que debemos llegar a asimilar es que se hace
necesario un posicionamiento claro a la luz de las investigaciones existentes en la actualidad y
que los técnicos deben poseer dicha información básica para la correcta aplicación en los programas
de acondicionamiento físico saludable.
Contextualización y análisis crítico de la situación actual
Pese a que se encuentran innumerables
referencias en algunos trabajos internacionales, especialmente en las dos últimas décadas, en
España, desde la aparición en 1996 del libro del Dr. Juan Carlos Colado ("Fitness en las salas de
musculación") y, posteriormente el del Dr. Pedro Angel López Miñarro ("Ejercicios desaconsejados en
la actividad física"), el establecimiento de cierta línea de investigación en torno a los criterios
ergonómicos y saludables en la ejecución de ejercicios físicos ha ido "in crescendo" y se ha hecho
más evidente sumando enormes aportaciones como lo de los profesores Dr. Pedro Luis Rodríguez, Dr.
Casimiro Andujar, Dra. Pilar Saiz de Baranda; Dr. Fernando Santonja; Dr. Francisco J. Vera; Dra. M.
Sartri, Dr. Pablo Tercedor o internacionalmente los de McGuill, Escamilla, Granatta, Panjabi,
Lehmon, Whirhed, Fees, Durall, etc... El trabajo de estos investigadores constituye una referencia
inexcusable para que todo técnico conozca dicha información y proceda en consecuencia en la
aplicación diaria de su labor profesional. Es verdaderamente asombroso que todavía podamos observar
determinadas acciones articulares o ejecuciones en nuestros centros de fitness cuando, tal y como
se podrá confirmar en los siguientes artículos, las mismas poseen una alto potencial lesivo y, con
mucho, el riesgo supera al posible beneficio.
También somos conscientes que dicha línea de
conocimiento topa con ciertas dificultades a la hora de llegar a las bases de la formación y
aplicación de gran parte de los técnicos (especialmente en aquellos que desarrollan su labor en
Centros de Fitness, a pie de campo), principalmente, por exigir una cierta reconceptualización y
actualización de mucha de la información ya asimilada por parte del técnico y, por otro lado, por
la exigencia de ampliar los conocimientos en relación a otros campos poco tratados en los programas
de formación de dichos técnicos. Debemos ser conscientes de dichas limitaciones para que,
aprovechando medios como el presente (accesibles para todos) la información pueda llegar.
Además somos conscientes de que la necesidad de
valorar la relación de riesgo-beneficio en la aplicación de ciertas acciones articulares en
nuestros programas pueden conllevar ir en contra de toda una estructura de mercado (programas
establecidos que son vendidos y adquiridos para su aplicación directa, sin análisis previo). Ello
no es razón para justificar la necesidad de capacitar a nuestros técnicos para realizar el análisis
y detección de todas aquellas acciones articulares, movimientos y ejercicios que aplique en sus
programas y que seleccione los mismos de manera adecuada, llegando a poder establecer alternativas
igualmente eficaces pero con un mayor rango de seguridad (salud).
En un interesante estudio de revisión realizado
por Jones y colaboradores (2000) se destacó que el entrenamiento contra-resistencias es seguro,
aunque para esto debe realizarse bajo la supervisión de un profesional o con un adecuado
conocimiento en la forma de aplicación por parte del ejercitante, de no ser así la probabilidad de
dañar los tejidos blandos y/o las articulaciones es alta, a pesar de que el riesgo de lesión con
este tipo de ejercitación sea bajo si se compara con otras actividades deportivas. También se
indica en este trabajo que la región corporal más afectada con el entrenamiento con pesas era el
tronco. En este sentido, Colado (1996, 2004) ya indicaba que la columna vertebral era una de las
zonas en la que los ejercitantes habituales remitían más molestias y dolor junto con la parte
anterior del hombro, destacando además la queja de los ejercitantes al respecto de la falta de
supervisión directa por parte de los técnicos.
Acción articular y potencial riesgo lesivo
A la hora de hablar de ejercicios
desaconsejados, nos podemos encontrar con el dilema de que, conceptualmente, existen algunas
cuestiones poco definidas.
En primer lugar, un ejercicio, no suele
ser un movimiento aislado, si no que suele estar constituido por una sucesión de acciones
articulares. Pudiera ser, tal y como bien explica López Miñarro (1999) que algunas de esas acciones
pudieran conllevar un alto riesgo y potencialidad lesiva, comprometiendo la salud de las
estructuras anatómicas implicadas. Pero es importante aclarar que un ejercicio nunca será una
acción aislada, puesto que es precisamente esa la diferencia que le otorga tal calificación
(dicha acción articular posee unos parámetros de intensidad, volumen, etc, bien definidos y que
atiende a una programación y objetivos establecidos).
Por tanto el que existan algunas cuestiones
(que será necesario conocer y analizar para su modificación) que puedan incrementar el riesgo y
potencialidad lesiva de una determinada acción articular no supone demonizar o eliminar
completamente un ejercicio.
Por tanto, como primer paso para un adecuado
análisis de los ejercicios, será necesario determinar las posibles variables que definirán la
magnitud de potencialidad lesiva de las acciones articulares implicadas en un ejercicio:
Factor 1: Capacidad bioestructural de las estructuras anatómicas. De soportar y
adaptarse a niveles tensión (zonas ROM de conflicto), en relación con las posibles fuerzas
de tracción, compresión, cizalla, rotacionales y posibles combinaciones de las mismas sobre las
diferentes estructuras anatómicas y de la posible interacción entre las mismas.
Dichas estructuras anátomicas estarán
compuestas, fundamentalmente, por elementos óseos, bolsas sinoviales, cápsulas, cartílagos, discos,
rodetes, meniscos, ligamentos, etc.
La medida en la capacidad de soportar tensión y
sobre la capacidad de adaptación de dichas estructuras anatómicas es ampliamente expuestas como
"hipotético" argumento a favor del empleo de cualquier acción "que el organismo pueda realizar",
pero encontramos que con cierta ligereza. No obstante, en la bibliografía científica podemos
encontrar que se estos aspectos han sido estudiados y analizados en diversos contextos (Nordin y
Frankel, 2001)
Así por ejemplo, a nivel óseo, los valores de
solicitación y deformación han sido obtenidos colocando especimenes estandarizados de tejido óseo
en un soporte aplicándole carga hasta el colapso. O en el caso del comportamiento biomecánico del
cartílago articular donde se ha estudiado el desgaste de fatiga de las superficies de soporte de
carga y de la acumulación de daño microscópico bajo situación de carga repetitiva, mostrando la
limitada capacidad de adaptación, reparación y regeneración de dicha estructura. O de la respuesta
ligamentosa a niveles de carga hasta el colapso y lesión, mostrando que cuando el ligamento in
vivo, se somete a la carga que excede el rango fisiológico -incluso antes-, el microcolapso se
produce incluso antes que se alcance el límite de elasticidad (Nordin y Frankel, 2001).
Factor 2: Intensidad de la acción articular. Relacionada con la resistencia a
vencer en todo el ROM (aspectos biomecánicos de la ejecución: torque). Evidentemente es necesario
interrelacionar dicho aspecto con el primer punto. Debemos conocer tanto la cantidad y tipos de
fuerza, como la capacidad de las estructuras anatómicas para soportar dichos tipos de fuerza y
producir adecuadas y saludables adaptaciones. Además la velocidad (relación movimiento por unidad
de tiempo) pudiera ser un valor añadido a considerar en relación al incremento del factor de riesgo
(López, 1999)
Factor 3: Repetitividad-densidad. Referida tanto al "volumen" (repeticiones por
sesión) de la acción en cuestión como a la relación de dichas repeticiones con fases de
recuperación.
En este sentido, parece existir una posible
relación directa entre la intensidad de la carga que se aplica y el número de repeticiones que
puede soportar una estructura: si la carga está muy próxima a su umbral de tolerancia, pocas
repeticiones pueden provocar una lesión, pero cuanto más se aleje de la resistencia máxima, se
necesitará un mayor número de repeticiones para producirla.
La capacidad de recuperación/regeneración de
una estructura (factor 1) no será similar en todas las estructuras y el riesgo de generar
microlesiones inicialmente asintomáticas que incidan en la degeneración de las mismas dependerá de
dicha capacidad y de la mencionada relación de repetición-densidad (a menor recuperación, caso de
existir una buena capacidad de adaptación-regeneración, mayores posibilidades de generar daños
estructurales permanentes).
Factor 4: Factores intrínsecos. Relacionados, principalmente, con aspectos como
el historial y antecedentes de las estructuras anatómicas y otros como la edad (aspecto muy
vinculado a una mayor o menor capacidad de adaptación y/o umbral de tolerancia de determinados
tipos o niveles de estrés).
Factor 5: Factores ambientales. Son estos factores que podrán incidir de manera
determinante sobre la potencialidad lesiva de una acción, como por ejemplo la hora del día, algunos
tipos de vibraciones o el estado de material implicado en el ejercicio.
Determinados hábitos y condiciones como fumar
habitualmente (los fumadores, presentan mayor frecuencia de algias vertebrales ya que la nicotina
tiene efectos nocivos en el núcleo pulposo al inhibir la proliferación celular y la síntesis de la
matriz extracelular) y la exposición a vibración (profesionales de la conducción, por ejemplo) se
relacionan con la degeneración discal (Cassinelli et al., 2001)
La evidencia científica nos muestra claramente
como determinadas acciones articulares poseen un alto potencial lesivo en alguna de las situaciones
anteriormente expuestas y no puede existir justificación para realizarlas, ni tan siquiera la tan
argumentada y recurrida "funcionalidad" basada en una supuesta preparación para las actividades de
la vida diaria, cuestión esta que carece del suficiente soporte científico al respecto de los
planteamientos actualmente desarrollados y las metodologías de entrenamiento propuestas (Colado,
Chulvi, Heredia, 2007).
En el siguiente cuadro quedan reflejados
algunas de las referencias revisadas en publicaciones científicas al respecto de la potencialidad
lesiva de las acciones articulares indicadas. Dicha profunda y amplia revisión ha sido realizada
por el grupo de trabajo que coordina el profesor Dr. Juan Carlos Colado. En dicho trabajo se
realizó una búsqueda bibliográfica en diferentes bases de datos utilizando descriptores específicos
sobre lesividad de acciones articulares.
En siguientes publicaciones serán desarrolladas
y justificadas estas situaciones lesivas.
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